De la redacción

 

Colombia también puede avanzar

hacia cambios profundos

 

Los denominados «Vientos del Sur» comienzan a recorrer el panorama político nacional, tal como ha venido sucediendo en el Sur del continente americano. Y esto, a pesar de que la capa burguesa dominante insiste en calificar de «irremplazable» al ungido por Estados Unidos en la Casa de Nariño. La constante ola de paros y marchas, como las realizadas por los indígenas, y los pronunciamientos en las calles de trabajadores, campesinos, comunales, estudiantes, empresarios grandes y pequeños, contra la reelección del Presidente y el TLC; la incontenible confluencia de una variada gama de fuerzas democráticas, expresada en la Gran Coalición Democrática y los avances de la unidad entre el Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática, aunada con las corrientes no uribistas liberales, permiten augurar nuevas perspectivas de cambio y progreso para esta adolorida nación. ¡Colombia también puede avanzar hacia cambios profundos!

 

Ni la gran potencia del Norte, causa de  los padecimientos de los colombianos, ni Uribe Vélez, las tienen todas de su lado. «El Sur ha sido agrario, racista, pobre y derrotado», señaló recientemente el escritor mexicano Carlos Fuentes, a propósito de los efectos devastadores del huracán Katrina en Nueva Orleáns. Esta ciudad fue «dejada a la deriva por un gobierno federal demasiado ocupado en rebajarle impuestos a los ricos y en librar una guerra perdida en Irak en beneficio de la Halliburton y de Dick Cheney»1, agregó.

 

Pero aunque la furia del huracán se detuvo al estrellarse contra los estados sureños, sus estragos ascendieron por la costa Este, llegaron hasta la Casa Blanca y arrasaron con los índices de popularidad del principal representante de los halcones petroleros. El desdén y la arrogancia de Bush y de su familia por la suerte de miles de sus compatriotas, condenados a la muerte, al abandono, a la pobreza absoluta, al desplazamiento forzado y al desarraigo, despertó un repudio nacional e internacional, con unas dimensiones nunca vistas.

 

El desastre natural, que acabó con la cuna del jazz y de los blues, dejó al descubierto los extremos a los que ha llegado la aplicación del credo neoliberal en el país más rico y poderoso de la Tierra. Las políticas de recorte del gasto público y de la inversión social, y la negativa a suscribir el Protocolo de Kyoto y los acuerdos internacionales que abogan por la preservación del medio ambiente y por unas normas mínimas de convivencia entre los seres humanos, han llegado a su máxima expresión con el actual mandatario estadounidense. Las imágenes que registraron los medios parecían traídas del corazón del Tercer Mundo: del tsunami asiático de finales del 2004, de los huracanes de de Centroamérica o del terremoto de Pakistán. No sólo se abandonó a los pobres a su suerte, sino que la administración optó por darle a la tragedia una salida militar, a la usanza de sus empresas imperiales. Por supuesto, como en otras ocasiones, los contratos para la reconstrucción de Nueva Orleáns están siendo asignados a compañías de los amigos y colaboradores del Presidente.

 

Si en el frente doméstico Bush pierde la pelea, en el plano internacional el rechazo a sus políticas cobra cada vez más fuerza. Sus reveses en Irak y en Afganistán son noticia de cada día. La postura de «comisionado de Dios» que ha adoptado frente al fallido proceso de paz del Medio Oriente, raya en lo ridículo. En el plano económico, se acentúan las dificultades de la superpotencia, así como sus intentos de amainar su crisis redoblando la expoliación a los países dominados.

 

El presente número de Nueva Gaceta da cuenta de la resistencia contra el hegemonismo de los Estados Unidos en distintas partes del orbe. Incluimos un análisis del historiador inglés Eric Hosbawm sobre la situación y las perspectivas de este imperio en el siglo XXI. A la suerte de la Unión Europea y a su papel de contrapeso en la esfera mundial se refieren dos artículos del filósofo alemán Jürgen Habermas y del analista colombiano Eduardo Pastrana.

 

De Mary Robinson, quien fuera Presidenta de Irlanda y Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, incluimos un artículo sobre la crisis africana. Recordemos que la autora debió dejar este último cargo al perder el respaldo de Estados Unidos, pues se atrevió a cuestionar su política frente a los prisioneros de Guantánamo y su rechazó al acuerdo contra el racismo suscrito en la cumbre de Sudáfrica hace un par de años. En el presente artículo, la señora Robinson aboga por unas normas y un entorno económico más justos, que les permitan a los países más pobres del continente africano salir de su crisis humanitaria, para no tener que depender de la caridad de los países ricos.

 

En América Latina han soplado vientos renovadores durante los primeros años de este siglo. A la resistencia del Sur dedicamos en esta ocasión el dossier de Nueva Gaceta.

 

La aguda crisis económica y el descontento social, resultantes de las agendas neoliberales de casi dos décadas, han llevado a los países a experimentar con movimientos y gobiernos que plantean alternativas a los designios de Washington. Las ejecutorias y el ideario de Hugo Chávez Frías al frente de la República Bolivariana de Venezuela, son la expresión más nítida de los vientos del Sur, que se recoge en su intervención en la pasada Asamblea General de la ONU, la cual incluimos en este número.

 

La estrategia más agresiva del proyecto neoliberal en la región andina es hoy en día el TLC que Colombia, Ecuador y Perú se disponen a suscribir con Estados Unidos antes de finalizar el año. El gobierno de Uribe Vélez, convertido en vocero de los intereses norteamericanos en esta negociación, afirmó a su regreso del rancho del Bush que firmaría contra viento y marea, aun en contra de la voluntad de los empresarios. El presidente Alejandro Toledo, de Perú, anunció que haría frente común con Uribe, durante una corta parada que hizo en Bogotá. Y en medio de sus vacilaciones, el Presidente ecuatoriano ha dicho que firmará pero a su propio ritmo.

 

En el largo plazo, el TLC es un tratado de anexión económica, pero los puntos que han suscitado mayor controversia son los relacionados con la desprotección del sector agrícola y las normas que refuerzan la propiedad intelectual en el caso de los medicamentos. En el plano de los subsidios agrícolas, y ante la presión suscitada por el rotundo fracaso de la llamada Ronda de Doha de la OMC realizada en Cancún hace dos años, Estados Unidos está proponiendo la eliminación de los subsidios y aranceles agrícolas para el año 2023. Pero eso sí pretende que los países latinoamericanos acaben cuanto antes con cualquier tipo de protección a su sector agrícola. En el campo de los medicamentos, la sumisión del gobierno colombiano es tan escandalosa que los tres negociadores del Ministerio de Protección Social renunciaron al finalizar la ronda realizada en Cartagena.

 

Pero a la entrega del patrimonio y de la soberanía nacional se oponen los más diversos sectores. La entrevista a Pepe Sánchez en este número es una muestra de ello; pues en el campo de la cultura y de las comunicaciones se levantan voces fuertes en contra del TLC, desde los presidentes de los dos principales canales privados de televisión, hasta los actores más destacados del país. El economista ecuatoriano Manuel Salgado escribió para Nueva Gaceta un artículo sobre las implicaciones de la firma de este tratado, no sólo para su país, sino para sus dos vecinos andinos.

 

Para ratificar que llegó la hora de los cambios en Colombia, estructuramos un capítulo que contiene lo que ahora se conoce como un conversatorio entre el candidato presidencial del Polo Democrático Independiente, Antonio Navarro, y el candidato al Senado por ese mismo sector, Marcelo Torres. Además, incluimos un análisis de la administración de Luis Eduardo Garzón por Clara López Obregón, candidata a la Cámara de Representantes, y una entrevista a Abel Rodríguez, Secretario de Educación de Bogotá, en la que expresa el contenido programático de su gestión.

 

1        «La Nueva Orleáns», Lecturas fin de semana, El Tiempo, Bogotá, sábado 8 de octubre de 2005.