Telecom

LA VERDAD OCULTA

Por Eberto López Machado

 

A raíz del anuncio de la firma de un memorando de entendimiento entre el magnate Carlos Slim y el gobierno nacional para crear una empresa conjunta a costa del patrimonio de Telecom, Nueva Gaceta invitó a Eberto López Machado, profundo conocedor del tema, a que opinara sobre el asunto. Gracias a la presión ejercida desde diversos sectores en torno al oscuro propósito gubernamental, Uribe Vélez desistió de su empeño por el momento. Pero más allá de los términos específicos del contrato con Slim están los asuntos que no afloraron en la discusión, de manera que el presente artículo no ha perdido actualidad, pues como indicó el mismo gobierno, se buscará un nuevo “socio”.

 

Desde cuando en el gobierno de Virgilio Barco se tomó la decisión de abrir el sector de las comunicaciones a la competencia, mediante la expedición de la Ley 73 de 1989, se ha venido ocultando al país el verdadero interés que tienen las multinacionales en el sector, y de ello se han valido tanto ministros del ramo como asesores para hacer sus propios negocios. No terminan de dejar sus cargos en el gobierno para ejercer de manera inmediata en el sector privado. Los mejores ejemplos de ello son José Fernando Bautista, ex ministro y Sergio Regueros, ex asesor de la cartera de Comunicaciones.

Por su ubicación, Colombia goza de una serie de ventajas que representan el interés real de quienes hoy tratan de quedarse con el sector. El país cuenta con una dotación de recursos naturales poco comunes en el mundo, tales como la repetidora más alta del mundo al nivel del mar (la Sierra Nevada de Santa Marta), una línea de vista recta desde las costas del Chocó hasta el Japón, su ubicación exactamente bajo la órbita geoestacionaria, amén de su envidiable posición que le permite tener terminales de cables interoceánicos en los dos mares.

Estos son los asuntos que los gobiernos ocultan de manera sospechosa y sobre los que no se discute, pues son bienes intangibles e invaluables que le dan un valor y una fortaleza incalculables a nuestro país en materia de comunicaciones. A la postre, estos bienes serán explotados por los pulpos que se apoderen del sector.

El gobierno siempre ha recurrido al engaño para dejar entrar a las multinacionales a este sector. En la década pasada, cuando se definió abrirlo a la competencia, se apeló a dos argumentos: la baja densidad telefónica que presentaba el país y la obsolescencia que, según el Gobierno, tenía Telecom para ese entonces.

Con respecto a la baja densidad telefónica, trascurridos más de diez años de haberse hecho esa falsa afirmación, la excusa sólo sirvió para que los negociantes se enriquecieran con los famosos contratos de asociación a riesgo compartido (Joint Venture), en los cuales no solo se comprometieron recursos de la empresa, sino los ingresos de los servicios que ya prestaba Telecom, procedentes de los ingresos por larga distancia nacional e internacional, los datos y la telefonía local extendida.

Para poder cumplir con las exigencias y metas de los inflados cálculos de producción que sustentaron los Joint Venture, se recurrió además al argumento de transferir a los contratistas extranjeros líneas telefónicas locales de la empresa en plena producción, todo ello en menoscabo de las finanzas y la estabilidad económica de la estatal, sin que lograran su objetivo final de quebrarla para dejar el paso libre a los operadores de las multinacionales.

Como quiera que la empresa cuenta con tres millones quinientas mil líneas telefónicas y el país con una de las densidades telefónicas mayores de América Latina, se tuvo que renunciar a este argumento.

Sin embargo, los escuderos del Estado en este propósito sacan a relucir el argumento de la obsolescencia tecnológica, lo que tampoco se corresponde a la realidad, puesto que la tecnología que posee Telecom en sus redes (fibra óptica, centrales digitales y red de microondas digitalizada), no sólo es la más avanzada que conoce el mundo en esta materia, sino que con esa red es con la que le presta los servicios de interconexión y carrier a los operadores celulares con sus distintas tecnologías. La realidad que hoy se vive contradice otra falacia puesta en boga por el Gobierno, según la cual la telefonía fija toca a su fin, pues la tendencia mundial es la de tener todos los servicios a través de Internet. Pero esto le imprimiría una importancia mayor a este tipo de telefonía y a los cables, una de las fortalezas que tiene la empresa. Así, están más que revaluados los pobres argumentos que se esgrimieron para justificar el negociado que pretendió hacer el Gobierno con la empresa mexicana Telmex.

Sin embargo, como de lo que se ha tratado a lo largo de los últimos quince años es de vender la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, Telecom, Uribe Vélez ha recurrido a otros tres argumentos para tratar de obtener este objetivo: la supuesta inviabilidad económica, financiera y operativa de la empresa, la necesidad, por parte de la nación, de garantizar el pasivo pensional y la urgencia de conseguir un socio estratégico para Colombia Telecomunicaciones.

Frente al primer punto, hay que decir que el actual gobierno decidió la liquidación de Telecom., mediante el Decreto 1615 de junio de 2003, a sabiendas de que en el año 2005 esta tendría a su disposición grandes recursos que le permitirían no solo responder por el pasivo pensional, sino hacer grandes inversiones en el sector. Esto, gracias a que a partir de la mencionada fecha, es decir, del año en curso, los dineros que se le trasladaban a las multinacionales dueñas de los contratos de asociación -en unos casos el 90 por ciento y en otros el 80 por ciento- tendrían como destino Telecom. Esto ha tratado de ocultarse con la afirmación de que la empresa que sí ha presentado grandes rendimientos por su buena administración y baja carga laboral es Colombia Telecomunicaciones, lo que es nuevamente una falsedad.

Con respecto al segundo punto, hay que decir que, al contrario de lo planteado por Uribe Vélez, la única manera de garantizar la deuda con los pensionados es manteniendo la propiedad de Telecom, como una empresa ciento por ciento estatal, lo cual ha ocurrido hasta el presente, pues las altas cifras trasferidas por Colombia Telecomunicaciones a Telecom en liquidación hablan por sí solas. El gobierno no ha tenido que apelar a nadie diferente a la empresa para el pago de estas obligaciones.

Al tercer punto no sólo le falta consistencia, sino que la realidad de la empresa que hoy trata de regalar el Gobierno, desde el punto de vista de sus inversiones y sus utilidades, dejan por el piso tal argumento. En el año 2004 Coltel trasfirió a Telecom en liquidación, seiscientos mil millones de pesos para el pago de pensiones y de compromisos con los Joint Venture, e hizo una inversión de 170 millones de dólares para adecuar redes y prestar servicios de banda ancha en Internet. Además de lo anterior, este argumento fue echado por tierra por el mismo gobierno nacional, la semana del 19 al 25 de septiembre pasado, cuando anunció que se va a licitar con el objeto de adjudicar una licencia para servicios PCS, banda que el gobierno se comprometió a conceder a Telecom desde el año de 1996, pero que nunca le cumplió. Este, entonces, sería el momento de dotar a la empresa estatal de la movilidad que tanto pregonan la ministra del ramo y el Presidente de la República, en lugar de andar de ferias con los bienes de la nación.

Después de lo aquí planteado, vale la pena preguntarse: ¿qué es lo que realmente está en venta? ¿Por qué? ¿Para beneficio de quién?

Lo que en realidad representa un peligro, desde el punto de vista de la propiedad de los bienes de la nación, ha sido ocultado en el debate que se le ha planteado al país. Es ahí donde se vuelve a poner de manifiesto el engaño del Gobierno a los colombianos, así como la confabulación de quienes defendían el negociado de Slim, por las siguientes razones:

La discusión está centrada en los valores de Coltel y Telmex Colombia, lo que no sólo es intrascendente sino que oculta la real dimensión de lo que se le va a arrebatar al país. De una parte, Coltel, empresa de papel creada por Uribe para justificar la liquidación de Telecom, sólo cuenta con un contrato de explotación hasta el año 2020, que, en el caso de haberse firmado el memorando con Telmex Colombia, habría desaparecido. Ese contrato le permite a la nueva empresa usufructuar los bienes de Telecom, sus redes, centrales, y todo lo que han dado en llamar bienes afectos a la prestación de los servicios, pues hasta los edificios desde donde despacha el señor Alfonso Gómez, presidente de Coltel, son propiedad de Telecom.

Del otro lado estaba el supuesto “gran socio”, Telmex, que no tiene presencia en el mercado nacional en ningún servicio, como quiera que lleva en Colombia apenas cuatro años. En sus inicios, esta empresa en nuestro país se llamaba Teleductos, y Telecom era propietaria de un 48 por ciento de ella. Esta propiedad fue vendida por aproximadamente seis millones de dólares a una firma norteamericana, lo que claramente puede darnos una idea de su real valor.

A propósito del fallido acuerdo, el Gobierno nacional señalaba que al cabo de quince años de que el señor Slim aportara la ridícula suma de doscientos un mil millones de pesos al año, con un incremento del IPC más cuatro puntos, y que este se haría dueño de la mitad más una acción de la empresa resultante del acuerdo entre Coltel y Telmex. Sin duda, iba a pagar una suma irrisoria, insuficiente siquiera para el pago de las pensiones, cuyo valor actual es de treinta y seis mil millones al mes, y se pagan catorce mesadas al año. Por tan ridícula cifra, lo que se pretendía entregarle al señor Slim era ni más ni menos que la mitad más una acción de:

• Cuatro mil kilómetros de fibra óptica, que hace parte de la red nacional.

• Dos mil quinientas estaciones transmisoras, receptoras y satelitales.

• Nueve nodos alternos.

• Veintitrés centrales tandem (larga distancia).

• Ochocientas centrales locales.

• Una empresa posicionada en Estados Unidos (Coltelecom), que está en plena operación, al igual que doce telefónicas asociadas (Telemaicao, Teleupar, Telecartagena, Teletolima, Telehuila, Telecaquetá, Telearmenia, Telecalarcá, Telesantarrosa, Teletuluá, Telbuenaventura y Telenariño), con sus respectivas redes locales.

• Un mercado de larga distancia nacional e internacional, datos, télex, Internet y voz sobre protocolo de Internet o IP, con cobertura nacional, del que sólo se exceptúa el departamento de Antioquia, donde funcionan las Empresas Departamentales de Antioquia.

• Tres millones doscientas mil líneas aproximadamente, de las cuales el 75 por ciento se encuentran en plena operación.

• Además de lo anterior, está el nombre de la empresa y todos los títulos habilitantes que ésta posee, los cuales operan con esas licencias, incluso equipos en la banda de PCS, para poder llegar a todo el territorio nacional.

Como puede colegirse de lo aquí planteado, en esto sí debe ser el verdadero debate, puesto que el gobierno, por medio del señor Javier Lastra, apoderado de la liquidación de Telecom, se niega de manera persistente a realizar los avalúos e inventarios de los bienes de la nación que hoy están en peligro, para tratar de ocultar la entrega que se pretende hacer de ellos.

Ahora, ¿por qué las pretensiones del gobierno? Se sabe que responden a los compromisos adquiridos por el Presidente de la Republica hace dos años durante su primera visita a Washington, y cuyo cumplimiento son una exigencia para la firma del Tratado de Libre Comercio, TLC.

Por ultimo, quedaría sólo por responder la pregunta sobre a quién beneficia este negocio. Tal vez es esta la cuestión más clara, por cuanto el directo beneficiado de tamaño despropósito es el capital transnacional, ya sea Slim o cualquier otra firma multinacional con la que se haga el acuerdo.

Por ello, desde el punto de vista de los intereses de los colombianos, no es desproporcionado afirmar que después del despojo de Panamá a comienzos del siglo pasado, el que se pretende hacer con la empresa de telecomunicaciones del país sería el segundo mayor para la nación. Ello se debe al inmenso valor estratégico que significa la propiedad de una empresa como Telecom, para el manejo de la información, parte integral de su seguridad y soberanía. Estos asuntos nunca se discuten pero son de incalculable valor para el futuro del país.

Por todo lo aquí expuesto, no dudamos en afirmar que lo único conveniente para la nación, dado el grado de recolonización desplegado contra nuestra patria por parte de los Estados Unidos, es mantener el control sobre Telecom y las telecomunicaciones en manos del Estado. Ello puede hacerse permitiendo una alianza entre empresas estatales, que abarque todo el espectro de servicios en el sector, o dotando a Telecom de una banda de PCS, lo que le daría presencia en el único segmento de los servicios que hoy no tiene, y permitiría que esta estatal generara por sí misma la regulación en tarifas. Sin duda, si se traslada la propiedad del Estado al capital privado, esta última función será imposible de ejercer, dado el control y presiones que dicho sector ejerce sobre la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones.